La protagonista es una niña llamada Beatriz, que es huérfana de madre y su padre está siempre fuera de casa trabajando. Tras la muerte de sus esposa, se ha vuelto un hombre distante y desatiende a su hija, que crece como una niña triste y solitaria. En la escuela la llaman “Raratriz”, porque nunca quiere participar en los juegos de sus compañeros.
Cada mañana desayuna en silencio junto a su papá, que después de ver la noticias sale corriendo a la oficina. Trabaja hasta tarde y cuando regresa a casa Beatriz ya está durmiendo.
La niña se pregunta si su padre la quiere o ha llegado a este mundo por casualidad. No le perdona que nunca la abrace, ni le dé besos, ni le diga cosas bonitas. O es muy tímido, como ella, o es que sólo le interesa saber si ha hecho los deberes o si lleva el bocadillo del desayuno.
Todos los días de Beatriz son iguales hasta que una mañana aparece un loro sobre las cuerdas de tender que dan a su habitación. El pájaro se mete en la casa y la niña pide a su padre por favor que le deje tenerlo. Tan frío como solícito, el padre se apresura a comprar una jaula y deja a la niña que tenga el loro en su habitación. Éste empieza a repetir las palabras que ella le enseña cada tarde al volver a la escuela.
Un día, sin embargo, el loro hace algo insólito. Cuando Beatriz se despierta de buena mañana, le dice: “¡ Te quiero!” La niña se sorprende mucho e imagina que debe de haber oído esa frase en el culebrón de algún vecino que ve la televisión.
Cuando, a la mañana siguiente, el loro vuelve a decir: “Te quiero”, ella se extraña mucho, porque está segura de que no le ha enseñado esas palabras.
La tercera mañana que el pájaro repite “Te quiero”, Beatriz empieza a investigar. Le parece muy raro, además, que sólo le declare su amor por la mañana, ya que el resto del día se dedica a repetir las cosas que la niña le va enseñando.
Antes de que su padre vaya a la oficina, aquella mañana Beatriz corre a explicarle por si se le ocurre alguna explicación. Como toda respuesta, el hombre se sofoca mucho y se apresura a salir de casa con su cartera en la mano. De repente Beatriz lo entiende todo y empieza a llorar, pero de felicidad. Ha comprendido que el loro repita cada mañana lo que oye por la noche: aquello que le dice su padre cuando entra en su habitación mientras está dormida.
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